Cómo Evitar la Tercera Guerra Mundial

Deuda, Depresión y la Crisis Final del Capitalismo

Fred Harrison

Bajo las condiciones culturales del presente, una guerra mundial es el resultado lógico. No estoy pronosticando cual sería el momento o el disparador de este evento ni de qué manera se desarrollará la siguiente guerra mundial. Sin embargo, tanto la evidencia histórica como el marco teórico que desarrollaré llevan a la conclusión de que un levantamiento violento de proporciones mundiales es la consecuencia necesaria de la dinámica fundamental del sistema capitalista. ¿Qué causa las guerras mundiales? Mi tesis es que un evento de tal escala se produce cuando la principal fuerza impulsora del orden dominante no puede actuar. Como consecuencia, debe encontrar nuevas formas de expresarse para proteger sus intereses vitales. Si el sistema social está físicamente impedido para lograr su objetivo primordial debe recurrir a formas más agresivas, más violentas de afirmación.
¿Cuál es la fuerza impulsora que estalla en violencia militar? Podemos encontrar la respuesta a esta pregunta desde dos posiciones. Primero, observando el resultado que se busca con la guerra. O bien volver al inicio y analizar las tendencias que convergen en la declaración de guerra. Las guerras son casi exclusivamente para adquirir territorios. Usualmente los territorios no se buscan tanto por el espacio físico como por los recursos que pueden ser extraídos de ellos, que se traducen en forma monetaria. El dinero representa la renta de esos territorios. Tanto la elite terrateniente como los estados-nación buscan esas rentas. Rastreando hacia atrás en el tiempo, podemos preguntar: ¿Que nos dice esto de los posibles orígenes de un conflicto? Podemos retrotraernos a las condiciones históricas que precedieron a un conflicto militar para analizar las fuerzas sociales que presumimos contribuyeron al estallido de la guerra. En teoría política se asume hoy que la guerra es la política por otros medios. El historiador aclara hechos complejos y llega a conclusiones acerca de los motivos que condujeron a un conflicto violento. A veces las explicaciones son simples y no se las refuta. Otros hechos son complejos y sus explicaciones siguen siendo controvertidas. Desde mi punto de vista, la causa principal de las guerras es la falta de respeto por los derechos de otros al acceso y uso de la tierra. Sin importar los hechos asociados con los conflictos militares, el empuje subyacente es el deseo de una minoría de buscar una desigual participación de la renta del suelo o de las rentas producidas por otras sociedades. Consideraré esta hipótesis para el caso de las dos primeras guerras mundiales.
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Escuela Austríaca + Sistema Rentistico para terminar con el Ciclo Económico

Desde aquí queremos agradecer a las personas que hacen posible www.elrelativismojuridico.blogspot.com.es por darnos permiso para publicar en nuestra página los artículos que consideremos necesarios. El siguiente podéis también leerlo aquí: http://elrelativismojuridico.blogspot.com.es/2010/04/como-lograr-libertad-economica-con.html

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La vivienda, ¿un problema?

Supongamos una comunidad donde la renta de la tierra se privatizara, como ocurre actualmente. Dentro de un piso antiguo de 200.000€, el 80% correspondería al valor de la tierra y el resto, al piso mismo. Tengamos en cuenta que el porcentaje es totalmente probable, puesto que actualmente y de media, sucede así. En este caso, para acceder al piso, uno debería desembolsar 200.000€, con la consiguiente hipoteca y lo que esto supone. La banca es la gran interesada en que la renta siga siendo privada.

Supongamos ahora una comunidad donde la renta se gravara por completo. Para acceder al piso, ahora el desembolso pasaría a ser de 40.000€.

Lo que hay detrás de esto es la eliminación del precio de venta de la tierra, diferente a la renta, que seguiría siendo la misma, o incluso mayor. ¿De dónde sacamos esto?

El precio de la tierra es la renta anual capitalizada al interés corriente. P= R/(i+t) Donde P es el precio de venta, R la renta anual, i el interés corriente y t, el impuesto sobre el valor de la tierra (si lo hubiere). Vayamos con el primer supuesto:

¿De dónde salen los 160.000€ del valor de la tierra? El precio se obtiene tras dividir la renta entre el interés corriente, que pongamos que es del 5%. Si supiéramos la renta anual, podríamos sacar el precio, pero como nos es desconocida, saquémosla utilizando el precio: 160.000×0.05=8.000€

Vayamos con el segundo supuesto:
Sabemos por el supuesto número uno que la renta anual es de 8.000€ y el interés 5%. Aplicando la fórmula, 8000/(0.05+8000)=0.9 que sería lo correspondiente al interés. Como observamos, el precio de venta de la tierra quedaría abolido, y por tanto, como indicamos arriba, 40.000€ sería lo que uno tendría que pagar para acceder a un piso que actualmente “tiene un precio” de 200.000€.

Es fácil observar que la implantación del Impuesto Único facilitaría el acceso a la vivienda al eliminar el precio de venta de la tierra, pero si vamos más allá, vemos que el Impuesto reduciría los precios de las viviendas al obligar a venderlos a quienes mantienen pisos como excusa para especular con la tierra, pues la vivienda se deprecia con el tiempo, pero paradójicamente cada año acceder a la misma cuesta más, y esto se debe a que el aumento del valor de la tierra compensa con creces la reducción del precio de la vivienda. En el caso español, los bancos mantienen una gran cantidad de viviendas a la espera de que aumente el precio de la tierra, y el Impuesto al Valor de la Tierra al ser un golpe al corazón mismo del sistema, supondría una lucha por deshacerse de las viviendas, cuya consecuencia sería una reducción radical de los precios. Si a esto sumamos la eliminación de los demás impuestos, acceder a la vivienda sería todavía más fácil.  A largo plazo, una de las consecuencias de liberar la tierra y eliminar los impuestos que frenan la creación de riqueza, sería que los salarios subirían hasta lo que justamente les corresponde al revertir la situación del mercado laboral, de tal manera que la demanda de trabajadores sería mayor que la oferta de estos, lo que facilitaría hasta el ridículo el acceso a una vivienda. Ya no sería necesario firmar un contrato de esclavitud con el banco para tener un techo, ni depender del Estado para vivir una vida digna, porque aquí, solo hemos reparado en el candente tema de la vivienda, pero es fácil percatarse de los beneficios del Impuesto Único sobre el Valor de la Tierra.

 

John A.

El “Impuesto Único” y el movimiento contemporáneo II – El Impuesto Único – nº 93 – Septiembre 1919

La fórmula de la justicia

Van encaminadas las consideraciones anteriores a mostrar la analogía entre la cuestión social, claramente delineada en el descontento amenazador que fermenta en todas partes; y las consideraciones jurídicas, únicamente sentidas por todas las escuelas si no idénticamente formuladas.

La lucha de estas por la codificación de sus principios nos presenta la lucha por el Derecho cómo la cuestión social por excelencia.

Desde ahora podemos sintetizar jurídicamente esas aspiraciones. O bien se lucha por llevar a la legislación el «Derecho nuevo», o bien por dar realidad jurídica a ese otro derecho aparente ya codificado, libertándola de sus aberraciones y, además, haciendo acompañar siempre el goce el ejercicio del derecho. Continúa leyendo El “Impuesto Único” y el movimiento contemporáneo II – El Impuesto Único – nº 93 – Septiembre 1919

La falta de trabajo

Hablamos de oferta de trabajo y de demanda de trabajo, pero evidentemente estos son términos relativos. La oferta de trabajo es en todas partes la misma —dos manos vienen siempre al mundo con una boca, 21 varones por cada 20 hembras y la demanda de trabajo tiene que existir siempre mientras los hombres necesiten cosas que únicamente el trabajo puede procurarles. Hablamos de «falta de trabajo» pero evidentemente no es el trabajo lo que escasea mientras la necesidad continua, evidentemente la oferta de trabajo no debe ser demasiado grande ni la demanda de trabajo demasiado pequeña cuando el pueblo padece por la carencia de cosas que el trabajo produce. El desorden verdadero tiene que estar en que algo impide a la oferta satisfacer la demanda, en que en alguna parte hay un obstáculo que impide al trabajo producir las cosas que los trabajadores necesitan. Continúa leyendo La falta de trabajo

Breve exposición de la teoría del Impuesto Único

Los impuestos sobre productos del trabajo tienden a restringir la producción. Por consiguiente, no deben imponerse contribuciones sobre las mejoras ni sobre las mercancías.

Un impuesto sobre el valor de los terrenos no restringe la producción ni disminuye la recompensa de los que usan la tierra, sino que, haciendo onerosa su conservación fuera de uso, ensancha el campo de las naturales ocasiones de trabajo y estimula la producción. Por consiguiente, todos los impuestos deben recaer sobre el valor de los terrenos.

Cada hombre tiene derecho al completo resultado de su trabajo o empresa para producir mercancías, edificar casas, mejorar campos o contribuir por otros modos a la satisfacción de sus necesidades; pero el valor inherente a la tierra, por razón de la creciente competencia para usarla y que es debido al crecimiento de la población y de las mejoras públicas pertenece en justicia a la comunidad. Por consiguiente, el público debe tomar por el impuesto todo el valor anual de los terrenos.

Donde quiera que la renta económica se tome de este modo para el soporte de las cargas públicas, la industria y las empresas todas serán aliviadas de impuestos y no quedará ningún estímulo para conservar tierras fuera de uso. Cesará la especulación de terrenos y quedarán abiertas al trabajo las naturales ocasiones. Los obreros que no puedan obtener buenos empleos podrán siempre emplearse ellos mismos, sin que esto quiera decir que todos se empleen en la Agricultura, sino que siendo los terrenos agrícolas, mineros y edificables accesibles a los que quieran usarlos, no habrá falta de trabajo, y los jornales en todas las industrias se elevarán a su natural nivel, o sea la íntegra ganancia del trabajo: ¿cómo encontrarán ocasión de trabajar todos los que lo desean para producir riquezas? El Impuesto Único, al abrir las naturales ocasiones y al mismo tiempo aliviando las cargas a la industria, resuelve el problema del trabajo.

El solo método practicable para llegar al impuesto único es la supresión sucesiva de todos los demás, y necesariamente incluye la abolición de los derechos de Aduanas. Por consiguiente, el Impuesto Único envuelve el absoluto librecambio.

Con este nuevo sistema de impuestos se conseguirán además:

Primero: Abolir las multas y castigos –contribuciones y arbitrios- que hoy se imponen a todo el que mejora un campo, edifica una casa, instala una máquina o se ocupa de cualquier modo de emplear trabajo y producir riqueza.

Segundo: Dejar a todos en libertad de aplicar trabajo o gastar capital sin ninguna clase de multas y restricciones, con lo que cada cual recogería el producto íntegro de su trabajo.

Lo mismo comprende nuestra reforma a los terrenos urbanos que a los agrícolas y mineras.

 

El Impuesto Único