El trabajo y la tierra

«Creemos que el primer deber del Estado es el procurar trabajo. En esto no hará aquél otra cosa que imitar a la Naturaleza, la cual espléndidamente provee al hombre de cuanto le es indispensable para satisfacer sus necesidades.» Esto dicen los políticos que se consideran más radicales.

¿No hay algún error de observación en esas palabras? ¿Y no dimanará de ese error una corriente de pensamiento que conduce a buscar los remedios de la miseria donde no están y, por consiguiente, donde no ha de encontrárselos ni país alguno los ha hallado? No es exacto que la Naturaleza provea ni haya provisto jamás a las necesidades humanas: permanece impasible ante las miserias y desnudeces del hombre; quien provee es el trabajo. Nuestro personal esfuerzo es el que arranca a la Naturaleza los medios de satisfacer nuestras hambres, de cubrir nuestros miembros, de fabricar un albergue contra las inclemencias de la propia Naturaleza. Continúa leyendo El trabajo y la tierra

La verdad fundamental – El Impuesto Único – nº 55 – Julio 1916

La brevedad que es preciso dar a estos artículos se opone a largos razonamientos. Es indispensable simplificar mucho y aceptar algunas conclusiones sin previo examen.

Nos vamos a contestar a una sencilla pregunta. ¿Vienen todos los hombres a la vida en igualdad de condiciones para desarrollar sus facultades físicas, intelectuales y morales? Yo creo que sí; por muy grande que sean las diferencias que la Naturaleza quiso poner en sus fuerzas, en la agilidad o torpeza de sus músculos, en la mayor o menor delicadeza de sus sentimientos en la más pronta o serena exactitud de sus juicios, no son bastantes a justificar la irritante desigualdad que permite a unos pocos el goce de las mayores opulencias y despilfarros, mientras que priva a los más de cosas tales que son dadas a las bestias. No está, pues, la diferencia que pueda existir de uno a otro en el poder de sus propias facultades, sino en el poder de utilizarlas, que no es igual. Continúa leyendo La verdad fundamental – El Impuesto Único – nº 55 – Julio 1916

Dedicado a Henry George – El Impuesto Único – nº10 – Septiembre de 1912

 

IV

Propagación de su filosofía

El 22 de Marzo de 1879 una copia manuscrita «Progreso y Miseria» fue enviada a los editores Appleton y Compañía de Nueva York por haberle rechazado todas las casas editoriales del Oeste.

Hacia mediados de Abril recibió la respuesta que decía así:

«Hemos leído su manuscribo sobre Economía política. Tiene el mérito de estar escrito con gran fuerza y claridad; pero es muy agresivo, lo que no anima mucha a su publicación y sentimos mucho no poder encargarnos de ella.»

En vista de esto, él mismo, recordando su antiguo oficio se puso a componer las galeradas en la imprenta de su amigo Hinton.

Hechos los moldes, uno de los amigos propuso hacer la primera tirada por suscripción y Henry George aceptó la idea haciendo una edición de 500 ejemplares vendiendo muchos a tres duros, con lo que pudo pagar parte del coste de la impresión.

A primeros de Octubre, recibió el autor una proposición del editor Appleton y Compañía de Nueva York como respuesta a una nueva tentativa. En efecto, no desmayando por la primera negativa, le envió un ejemplar de la edición que acaba de hacer ofreciéndole los moldes.

Los citados editores proponían vender el ejemplar a 2 duros dando al autor en concepto de derechos el 15 por ciento del importe de la venta.

Entonces empezó a recibir felicitaciones de algunos personajes a quienes había enviado un ejemplar. Uno envió a Gladstone por haber pronunciado un discurso referente a la cuestión de la tierra, con tendencias radicales. Otro fue a Sir George Grey tan conspicuo en Nueva Zelanda y otros dos a Herbert Spencer y al Duque de Arguill, al uno por haber escrito la «Estática social» y al otro por ser autor del libro «El reino de la ley». Spencer no contestó siquiera; pero el Duque acusó recibió con cortesía.

Las respuestas de Gladstonre y Grey fueron amabilísimas y satisfactorias.

A principios de 1880 John Russel Young fue a Londres llevando varios ejemplares de «Progreso y Miseria» que, acompañados de sendas y expresivas cartas, repartió entre los hombres notables del Parlamento.

A pesar de haber aceptado la proposición de Appleton y Compañía tuvo Henry George el disgusto de que no se empezara la impresión hasta terminar el año. Además le participaron que su agente en Londres no había logrado encontrar casas que se encargaran de su venta, una de estas le comunicó al agente que «aunque le regalaran los moldes francos de porte» no lo publicaría. Tampoco veía la necesidad de reservarse los derechos de traducción, pues no creían se hiciera nada en este punto.

Todo esto le amargaba la esperanza que tenía y lo que vino a aumentar su infortunio fue que hasta el destino de Inspector de los Contadores de Gas tuvo que dejarlo por haber sido otro Gobernador como sucesor de su amigo William S. Irwin.

Henry George escribió su libro en la confianza de que más pronto o más tarde se haría famoso; pero al escribirlo eligió la ruta del explorador social que descubre nuevos horizontes. Ahora empezaba a darse cuenta, con amargura de la inmensa dificultad con que de aquí en adelante tendría que luchar para ganarse la vida; porque siempre ha mirado el mundo como un hombre nada práctico a todo soñador que se adelanta a su tiempo.

El libro entre tanto iba abriéndose camino. Bien pronto se tradujo al alemán por el entusiasmo de C.d. Fvon Gütschow quien acababa de llegar a California por haberse arruinado en Alemania. Esta traducción es la mejor de las tres que bien pronto se hicieron en alemán.

En la «Revista Científica» de París, apareció un artículo firmado por Emile de Laveleye en que alababa «Progreso y Miseria»; decía que este libro le había llevado a pensar en muchas cosas; se mostraba en un todo de acuerdo con su teoría y afirmaba que el capitulo «Decadencia de la civilización» es digno de añadirse a la inmortal obra de «De Tocqueville».

Hacia mediados de Marzo de 1880 apareció una brillante revista del libro, que ocupaba más de una página en el «New York Sun». Otras importantes revistas siguieron a esta. Además la casa Appleton y Compañía le propuso hacer una edición en rústica al precio de un duro, si el autor rebajaba sus derechos del 15 al 10 por ciento, a lo cual accedió con mucho gusto.

Por fin su amigo John Russel Young le escribió desde Nueva York que le había encontrado una colocación en el «Heraldo» y le adelantó el dinero necesario para el viaje. En Agosto de 1880 tomó Henry George el tren para Nueva York dejándose a su familia en San Francisco. Su bolsa era tan exigua que se vio obligado a viajar en tercera clase.

Su digna compañera tuvo que poner casa de huéspedes y su hijo mayor entró a trabajar en una imprenta.

Al llegar a Nueva York se encontró Henry George con que la prometida colocación en el «Heraldo» no pudo ser para él.

Cuando estaba a punto de volver a su oficio de tipógrafo se le proporcionó un trabajo que consistió en escribir para el diputado Abram S. Hewitt algunas memorias que no tenía tiempo de hacer y que tenía que presentar al Congreso. Todo lo cual cumplió Henry George guardando fielmente el secreto de que las memorias firmadas por dicho diputado eran suyas. Por este trabajo gano 50 duros por semana ocupándole tres horas diarias.

En su correspondencia con su amigo Taylor se encuentran los mejores datos de aquella época. En una de las cartas informa que Michael Davitt el adalid del movimiento irlandés, estaba en correspondencia con la Liga de California y que Henry George le envió varios ejemplares de su libro en Noviembre de 1880.

En Diciembre del mismo año, en otra carta daba buenas noticias del éxito de la traducción alemana y al final decía: «Mi mujer me escribe que ha levantado la casa para trasladarse a una casa de huéspedes pues esto es más barato… Así marcha la vida. Mi querido hogar ha desaparecido y me encuentra a los 42 años más pobre que a los 21.»

En 4 Enero de 1881 las noticias de la venta del libro eran mejores, la primera edición de mil ejemplares ya estaba agotada. En el periódico En Independiente de Leeds (Inglaterra) apareció un artículo encomiástico y declaró que todo ciudadano inglés debía adquirir el libro abriendo subscrición para este propósito.

En 21 Enero el éxito era completo. Llovían los pedidos de ejemplares. El editor Kegan Paul de Londres ya había agotado los 500 ejemplares que le envió Appleton de Nueva York. En Alemania ocurría lo mismo con las traducciones.

Según refería su amigo John Russel Young muchos años más tarde: «Aquellos días fueron para Henry George de extremada y honrada pobreza. Fueron días de prueba para este desconocido caballero, sin más ayuda que su elevado espíritu, sin otra cosa en su equipaje que su maravilloso libro al abrirse camino en el corazón de la moderna Babilonia. Cuanto más estudié a Henry George bajo aquellas terribles condiciones, tanto más le admiré. Su valor y su capacidad, su inmaculada honradez, su independencia y su poder intelectual fueron los de un maestro de hombres.»

Henry George, suspendió el trabajo en que le tenía empleado el diputado Hewitt para escribir un artículo sobre «La cuestión de la tierra en Irlanda». Pero poniendo manos a la obra, lo que pensó en forma de artículo creció hasta un libro de 17 capítulos. En esta obra que después se ha reproducido con el título La Cuestión de la tierra dio la primera asombrosa evidencia de su elevado sentido práctico, mostrando que, además del genio para formular una filosofía, poseía la sabiduría especial para aprovechar todos los acontecimientos de actualidad para aplicarla.

El 20 de Abril de 1879 o sea un mes después de la terminación de «Progreso y Miseria», el famoso Micheael Davitt recién salido de cumplir condena de siete años de presidio en Inglaterra por agitador en el movimiento irlandés, organizó un meeting en compañía de John Fergusson y Tomás Brensau en Irishtown en Irlanda para denunciar la tiranía de los terratenientes y su feroz manera de elvar las rentas lo que tenía hambriento al pueblo irlandés. Al grito de «la tierra para el pueblo» encendió una antorcha que propagó el fuego.

Hacia el otoño del mismo año se organizó en Dublin la «Liga irlandesa para la reforma territorial» con Parnell, presidente y Davitt como uno de los secretarios. Esta Liga, para proveerse de fondos envió a Parnell y a Dillon a los Estados Únidos para con la ayuda de Patrick Tort y su perió´dico el «Irish World» que publicaba en Nueva York, organizar grandes meeting en setenta y dos ciudades, gran campaña de propaganda hicieron en Ámerica con el resultado de recaudar un fondo de 200.000 duros y dejar organizada la Liga americana para la reforma territorial antes de embarcarse para Inglaterra en Marzo de 1880.

Henry George conoció que Parnell no haría mucho en cuestión de medidas radicales puesto que era un terrateniente y había sido educado en una de las universidades más conservadoras de Inglaterra. Pero con Davitt, hijo de aldeanos y demócrata por instinto ya era otra cosa.

Fundó en él grandes esperanzas y cuando le encontró en América en 1880 escribió sus impresiones dirigidas a su amigo Taylor: «Davitt hará todo lo posible porque la Liga irlandesa extienda todo lo posible en la Gran Bretaña la circulación de «Progreso y Misería».

Pronto advirtió Henry George que la guerra irlandesa contra la renta iba a hacer de aquel país el teatro del drama universal de la cuestión de la tierra por lo que se puso a escribir su libro «La cuestión de la tierra en Irlanda, lo que encierra y el único modo de resolverla». En él demostró que la única solución era reconocer el principio natural de la propiedad en común de la tierra, tomando por el impuesto su valor en renta para el pueblo entero. Pero al escribir este libro no pensaba solo en Irlanda.

Como dice en uno de sus capítulos: «Lo que recomiendo con urgencia a los irlandeses es proclamar sin limitaciones ni evasiones, la propiedad común de todo el pueblo y proponer prácticas medidas que llevarán a la realidad este principio no solamente en Irlanda sino en toda la gran Bretaña. Lo que recomiendo con urgencia a todas las Ligas de los Estados Unidos para la reforma territorial es la proclamación de este gran principio para su aplicación universal; es dar a este movimiento social una repercusión en América como en Irlanda, es que se profundice que se ensanche y se fortifique este movimiento para la regeneración del mundo, movimiento de tal naturaleza que concentrará y dará forma tangible a todas las aspiraciones que ahora sobresaltan a las naciones.»

Este libro, tan maravilloso como todos los suyos fue terminado a fines de Febrero y en seguida publicado por Appleton y Compañía en Nueva York y un mes más tarde, por William reeves en Londres, John Haywood y Sons en Manchester y Cameron y Fergusson en Glasgow.

Entre tanto Henry George pudo por fin traer a Nueva york a su mujer e hijos, pero no pudiendo aún poner casa vivieron en casa de huéspedes. Vivía de lo que le producían sus artículos para diversas revistas que le pagaban 40 o 50 duros artículo. No bastándole estos ingresos se puso a dar conferencias sobre la cuestión de la tierra, debutando en Mayo de 1881 en Chickering Hall y poco tiempo después en Historical Hall. La primera le produjo 130 duros y la segunda cerca de 200.

El número de convertidos iba y asiendo considerable. Entonces trabó amistad con Tomás G. Shearman abogado de gran fama en Nueva York, esta amistas duró toda la vida y encontró en él el más ardiente partidario y colaborador.

La serie de conferencias continuó ahora en las Ligas para la reforma territorial. Sucesivamente peroró ante las de Vermout, Montreal, Ottawa y Toronto en el Canadá.

Interrumpió esta excursión por el Norte para continuar en el Oeste en un viaje a San Francisco a donde fue con su mujer y su hija mayor comisionado por un amigo para un negocio privado. El 11 de Agosto dio una conferencia en el Templo Metropolitano ante numeroso público congregado por la universal fama que ya iba adquiriendo Henry George.

No todo fueron satisfacciones en aquel viaje, pues sus acreedores le amargaron aquellos días sin que pudiera solventar más que una pequeña parte de sus deudas.

A su vuelta a Nueva york se encontró con la grata noticia de que Francis G. Shaw, un hombre de desahogada posición y avanzado en años que vivía en Nueva York había comprado al editor Appleton, mil ejemplares de «Progreso y Miseria».

Compró estos ejemplares para enviarlos a todas las bibliotecas del país. Al hablar con Henry George le dijo que su entusiasmo provenía de que el libro «Progreso y Miseria» le había enseñado como se resuelve la cuestión social cuando había ya perdido toda esperanza en estas cuestiones. «Este libro me iluminó, decía y quiero que la luz se propague.»

Otro acontecimiento de la mayor importancia acaeció por entonces y fue el ser contratado por el empresario del «Irish-Wrold», como corresponsal especial en Irlanda e Inglaterra durando tres meses, empezando en Octubre de 1881, con viaje pagado de isa y vuelta para él y su familia y 60 duros de sueldo semanales.

La cuestión irlandesa, estaba entonces en crisis, el gabinete conservador, había cedido un puesto al liberal, dejándole este herencia que tenía que resolver su presidente Gladstone. La guerra entre los terratenientes y sus arrendatarios había llegado a su colmo.

Esta proposición del empresario del Irish-World no la hubiera podido aceptar Henry George a no ser por la generosidad de Mr. Shaw, que vio en ello una oportunidad para hacer algo en pro de la causa en que se había alistado, poniendo a su disposición algún dinero con que pagar las más urgentes obligaciones antes de partir.

Entre tanto, el periódico La Verdad de Nueva York comenzó la publicación de «Progreso y Miseria»; su director Louis F. Post, un distinguido abogado que primeramente había escrito en contra del libro se hizo luego su más ardiente defensor al estudiarlo despacio.

Desde entonces, ha sido el amigo más devoto de Henry George y su más completo y distinguido discípulo. Contando con el permiso del autor publicó en su periódico por entregas «Progreso y Miseria», ejemplo que fue bien pronto seguido por el periódico «Chicago Express».

Antes de embarcarse para Europa fue Henry George a Filadelfia a despedirse de sus padres y después de hechos todos los preparativos acompañado de su mujer y sus dos hijas de embarcó con rumbo a Liverpool, en el vapor España el sábado 15 de Octubre de 1881.

Prefacio a “La amenaza del privilegio”, de Henry George Jr.

¿Cuál es la causa de los grandes cambios que se observan en la República América? -¿De la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza que en todo se manifiesta; de la aparición del espíritu de clase; del nacimiento de la idea aristocracia; de la relajación moral en los negocios y en la vida privada entre los muy ricos; del aumento de elementos de degeneración física, moral e intelectual en las clases trabajadoras; de la aparición de sociedades obreras combatientes; de la parcialidad judicial y del empleo de la fuerza armada en las huelgas; de corrupción política sea federal, de Estado o de Municipio; del vasallaje de la Prensa, de la Universidad y del Púlpito; de la centralización gubernativa; de una política exterior de agresión? Continúa leyendo Prefacio a “La amenaza del privilegio”, de Henry George Jr.

ECONOMISTAS: ignorantes sin ilustrar o la barbarie letrada al servicio de la destrucción de la civilización

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Escuela Austríaca + Sistema Rentistico para terminar con el Ciclo Económico

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