La evolución económica

imageI

Para el hombre superficial que se dedica exclusivamente a sus negocios o placeres y que no procura darse cuenta del significado de su vida ni del ciclo evolutivo que le humanidad recorre, la tremenda crisis que en todos órdenes agita al mundo entero carece de sentido, y de sorpresa en sorpresa llega a un estado de inquietud y de completo desconcierto: él, que con discernimiento infantil se cree ser el centro, el eje del Universo, y lo juzga creado para que él lo disfrute en los breves días de su vida, sin meterse en más honduras, observa con terror cómo las cosas más insólitas van ocurriendo: cómo las naciones desaparecen, cómo se derrumban o tambalean los fundamentos sociales, cómo lo que él tenía por perfectamente estable y definitivo se desmorona al ímpetu arrollador de una fuerza interna –al parecer católica y desconcertante- que ha tocado de locura a la humidad toda. Continúa leyendo La evolución económica

El gran impuesto único – Artículo de El Mundo

Reproducimos aquí un artículo aparecido en el rotativo español El Mundo el 26 de Enero de 2014 cuyo tema central es el impuesto único:

El valor de la tierra, Henry George y el lado rico de las ciudades

En países como España o Irlanda, toda referencia a la necesidad de construir viviendas genera urticaria, pero en otros lugares la falta de casas se está convirtiendo en un verdadero problema. Por ejemplo, en Londres. Allí, el alcalde está en guerra con el Gobierno sobre las mejores soluciones. Johnson ha lanzado el mayor plan desde los años 30 del siglo pasado para hacer frente al crecimiento de la población (y de los precios). Por ejemplo, llevando hogares a Heathrow.

El problema es que no parece realmente bueno y que sus críticos consideran que está haciendo realmente poco para solucionar la situación.

Lo mismo está ocurriendo en San Francisco, una ciudad pequeña, con un altísimo nivel de vida, precios que suben y más demanda que oferta. The Atlantic aborda la situación con el dramático título de “éxodo“. The Economist aclara una de las causas -las empresas que se han mudado a la zona- y advierte de que, a corto plazo, no hay soluciones posibles.

Noah Smith, que estudió en la zona y sufrió en sus carnes las consecuencias, tiene una propuesta: impuestos a la propiedad de la tierra, o mejor dicho, un impuesto único, una idea presente ya en Adam Smith, David Ricardo o John Stuart Mill, pero popularizada por el norteamericano Henry George en el siglo XIX.

La esencia consiste en no gravar el trabajo o el ahorro, sino el valor de la tierra. “Cuando gravamos las casas, las cosechas, el dinero, los muebles, el capital o la riqueza en cualquiera de sus formas, tomamos del individuo lo que justamente pertenece a éste. Violamos el derecho de propiedad, y en nombre del Estado, cometemos un robo. Pero cuando gravamos el valor de la tierra, tomamos de los individuos lo que no pertenece a éstos, sino que pertenece a la sociedad, y lo que no puede dejarse a los individuos sin que resulten robados los otros individuos”.

Es decir, no hacer tributar a los bienes inmuebles que hay construidos, sino el terreno, cuyo valor se establece por la localización. Smith considera que “a diferencia de los tributos sobre la propiedad que tenemos ahora, la idea de George empuja a los propietarios a usar de forma valiosa su terreno. Los impuestos convencionales ‘pagan’ a la gente para no construir, pues de hacerlo, deberían tributar más”. Y así, además, se distribuiría la riqueza sin penalizar a los más ricos por crearla. No se penalizaría la actividad o la creatividad, sino la “buena suerte” de contar con esa propiedad concreta.

Matt Yglesias, aunque simpatiza con la idea, cree que no resolvería los problemas de la ciudad.

¿Es una locura? En absoluto, la propuesta se ha probado muchas veces desde los años 50 del siglo pasado, y se usa en Australia o Dinamarca o algunos estados norteamericanos.

Aunque a algunos les pueda parecer teorías “comunistas“, a los economistas les suele gustar, pero en abstracto. Más o menos. En su momento, como cuenta en sus libros Schumpeter, le hicieron bastante poco caso. Y cuando se lo hicieron, para mal. En España, Joaquín Costa, con una lectura un tanto extraña de su obra, fue uno de sus primeros divulgadores.

Milton Friedman decía que entre los todos los malos, no era desde luego el peor de los impuestos. Aunque a Murray Rothbard le repateaba el hígado.

Tiene muchas debilidades y desventajas. Krugman y Stiglitz han escrito sobre el tema en diversas ocasiones.

¿Recaudaría lo suficiente para compensar lo que se dejaría de recibir por otros conceptos? Según algún cálculo antiguo, quizás tanto como el 50% de los impuestos sobre el trabajo y el capital en un año.

Parte de la argumentación en el interesante artículo de Smith es que buena parte del valor de un terreno, hoy, se debe a los servicios públicos de los que se beneficia por ella. Por eso la localización es clave. ¿Por qué el este de las ciudades europeas suele ser más pobre? Por el viento, explica Dan Zambonini, pues durante la revolución industrial, los más ricos de Inglaterra se mudaron hacia ese lado huyendo del humo de las fábricas, que el continente tiende a soplar en dirección este-oeste.

Durante mucho tiempo se asumió que las ciudades crecían mediante anillos concéntricos, con los pobres en medio. Homer Hoyt, sin embargo, desarrolló un modelo sectorial (como un quesito de trivial) que explicaba el crecimiento en función de acceso a servicios y comunicaciones.

Fuente original: http://www.elmundo.es/economia/2014/01/26/52e2d66e268e3ec77f8b4584.html